Esta experiencia me enseñó mucho. Ver niños como Lupita que se alegraba de ver las personas, que vivía con una sonrisa a pesar de sus limitaciones. Bien lo dijo un amigo músico, ellos son felices sin lo que tenemos, porque como no lo conocen, y por ende no les hace falta. A veces nos quejamos de no tener, cuando sin tener podemos ser más felices. Todo está en el crisol por donde mires. Por otra parte, ver casos tan severos como los encamados me lleva a pensar ¿qué hubiera sido de ellos, si hubieran sido estimulados a tiempo? También que el desconocimiento de los cuidadores puede redundar en dificultades o en retroceso en su alimentación o en su desarrollo. La experiencia fue sumamente enriquecedora, transformadora y marcó mi vida emocional, profesional y personal.