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Siempre he pensado que viajar es vivir, es adquirir experiencias de vida que enriquecerán nuestro intelecto y nuestra forma de pensar y ver el mundo. Y es que realmente, como alguna vez dijo San Agustín de Hipona, “la vida es un libro y quienes no viajan leen solo una página”. Es por esto que desde que me enteré de la misión de Children of México, sentí mucho interés por ser parte de ella.

Mientras uno estudia patología del habla y lenguaje, aunque sabe que en algún momento puede llegar a recibir pacientes con parálisis cerebral y otras condiciones tan física y cognitivamente comprometedoras, realmente no es la norma del día. Es decir, recibimos entrenamiento básico teórico, pero una cosa es imaginarse cómo sería trabajar con esta población y otra cosa es realmente llegar a trabajar con ella. Conocer y leer sobre este tipo de pacientes no es lo mismo que tener la experiencia directa.

Es por esto que ser partícipe de la misión realmente cambió mucho mi perspectiva de PHL; mi visión se abrió, el panorama creció. Es tanta la ayuda que, como patólogos del habla y lenguaje, podemos brindar, que realmente no tan solo le da más valor a la profesión, sino que además nos llena de propósito como individuos responsables e interesados por servir y ayudar a los demás.

En mis primeros días de vida sufrí un paro respiratorio que estuvo muy cerca de causarme serios problemas físicos. Gracias a Dios la historia fue otra y crecí como una niña normal y sana. Pero el hecho de saber por lo que pude haber pasado me hace interesarme mucho por ayudar al tipo de población que habita en Hogares de la Caridad, donde se llevó a cabo la misión. Trabajar con estos niños y con sus cuidadores fue una experiencia realmente enriquecedora y llena de sentimientos para mí.

Luego de la misión, no tan solo mi perspectiva de PHL se ensanchó, sino que mi perspectiva de México también cambió. Desde que decidí ser parte de la misión, aunque mi familia inmediata fue mi mayor apoyo, hubo muchos otros conocidos que elevaron sus cejas al enterarse de que iría a México con un grupo de “solo chicas”. No es un misterio que la perspectiva de muchas personas hacia México está llena de temor, miedo a la criminalidad y a la falta de seguridad.

Tantos fueron los comentarios que recibí que ya realmente iba prejuiciada para el viaje. Sin embargo, la historia fue otra. No sé si era por el área en la cual estábamos o el gran sentido de protección que la Dra. Alcaraz impartía, pero realmente me sentí muy segura durante todo el viaje.

Llegué a Puerto Rico sin poder parar de hablar sobre las maravillas y la hermosura de México, pero sobre todo, sin poder parar de hablar sobre el amor, el calor humano y la maravillosa experiencia clínica y personal vivida en Hogares de la Caridad.

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